viernes, 17 de octubre de 2008
Publicado por Desconocido @ 18:57
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Amigos y amigas, pongo a disposición de ustedes un interesante artículo. Espero que les haga reflexionar.

 

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España

TRIBUNA: JEFFREY SACHS

La amenaza antiintelectual estadounidense

JEFFREY SACHS 04/10/2008

En los últimos años, Estados Unidos ha sido más una fuente de

inestabilidad mundial que de resolución de problemas en el mundo.

Abundan los ejemplos: la guerra de Irak, iniciada por Estados Unidos

con falsos argumentos; la obstrucción de los esfuerzos para reducir el

cambio climático; la escasa ayuda al desarrollo; la violación de

tratados internacionales como los Convenios de Ginebra... Aunque son

muchos los factores que contribuyeron a las acciones

desestabilizadoras de EE UU, uno de ellos, muy poderoso, es la actitud

antiintelectual, simbolizada recientemente en la gran popularidad que

obtuvo en un primer momento la candidata republicana a la

vicepresidencia, Sarah Palin.


Al decir antiintelectual, me refiero en especial a una perspectiva

agresivamente anticientífica, apoyada en el desprecio por quienes

defienden la ciencia y la necesidad de pruebas. Pero los retos que

afronta una gran potencia como Estados Unidos exigen análisis

rigurosos de la información con arreglo a los mejores principios

científicos.


El cambio climático, por ejemplo, plantea graves amenazas para el

planeta que es preciso valorar de acuerdo con las normas científicas

preponderantes y la creciente capacidad de las ciencias del clima. El

proceso científico mundial denominado Panel Intergubernamental sobre

el Cambio Climático (PICC), premiado con un Nóbel, ha establecido la

pauta del rigor científico en el análisis de las amenazas que

representa el cambio climático provocado por el ser humano.


Necesitamos políticos con conocimientos científicos y capaces de

ejercer un pensamiento crítico basado en las pruebas para transformar

esos hallazgos y recomendaciones en estrategias políticas y acuerdos

internacionales.


Sin embargo, en Estados Unidos, las actitudes del presidente Bush, los

responsables republicanos y, últimamente, Sarah Palin, son todo lo

contrario de científicas. La Casa Blanca ha hecho todo lo que ha

podido durante ocho años para ocultar el abrumador consenso científico

sobre el hecho de que los seres humanos están contribuyendo al cambio

climático. Intentó impedir que los científicos del Gobierno hablaran

con sinceridad en público. The Wall Street Journal también ha tratado

de vender anticiencia y pseudociencia con el fin de oponerse a las

políticas diseñadas para luchar contra el cambio climático de origen

humano. Estas actitudes anticientíficas afectaron no sólo a la política del

clima, sino también a la política exterior. Estados Unidos emprendió

la guerra de Irak basándose en el instinto y las convicciones

religiosas de Bush, no en pruebas rigurosas. Ahora Palin también dice

que la guerra fue "una tarea ordenada por Dios".


No estamos hablando de personas aisladas, aunque poderosas, que no

tienen ni idea de la realidad. Son reflejo del hecho de que una parte

importante de la sociedad estadounidense, que hoy vota, en general, a

los republicanos, rechaza o simplemente ignora las pruebas científicas

básicas relacionadas con el cambio climático, la evolución biológica,

la salud humana y otros ámbitos. Estos votantes no suelen renunciar a

las ventajas de las tecnologías que les proporciona la ciencia

moderna, pero sí rechazan las pruebas y los consejos que ofrecen los

científicos en relación con las estrategias políticas.


Los datos de una encuesta reciente llevada a cabo por la Fundación Pew

revelan que, mientras que el 58% de los demócratas cree que los seres

humanos están causando el calentamiento global, sólo el 28% de los

republicanos está de acuerdo. En el mismo sentido, una encuesta

realizada en 2005 descubrió que el 59% de los que se reconocían

republicanos conservadores rechazaban cualquier teoría de la

evolución, mientras que el 67% de los demócratas liberales aceptaban

alguna de sus versiones.


Por supuesto, algunos de los que niegan estas cosas son sencillamente

ignorantes, víctimas de la mala calidad de la educación científica en

Estados Unidos. Pero otros son fundamentalistas bíblicos, que rechazan

la ciencia moderna porque consideran que la palabra de la Biblia es

una verdad literal. Rechazan las pruebas geológicas del cambio

climático porque rechazan la ciencia de la geología como tal.


No se trata de enfrentar religión contra ciencia. Todas las grandes

religiones tienen tradición de relaciones fructíferas e incluso apoyo

a la investigación científica. La Edad de Oro del Islam, hace un

milenio, fue la era en la que la ciencia islámica mandaba en el mundo.

El papa Juan Pablo II declaró su respaldo a los principios científicos

básicos de la evolución, y los obispos católicos son muy partidarios

de limitar el cambio climático provocado por el ser humano, a partir

de las pruebas científicas.


Varios científicos destacados, incluido uno de los principales

biólogos del mundo, E. O. Wilson, han tendido la mano a comunidades

religiosas para colaborar en la lucha contra el cambio climático

causado por el ser humano y por la conservación biológica, y esas

comunidades religiosas han respondido trabajando en armonía con la

ciencia. El problema es el fundamentalismo agresivo que niega la ciencia

moderna, la actitud agresivamente antiintelectual que considera que

los expertos y los científicos son el enemigo. Ésas son las opiniones

que pueden acabar matándonos. Al fin y al cabo, ese tipo de extremismo

puede incluso derivar en una guerra, si parte de la opinión

distorsionada de que una guerra concreta es deseo de Dios, y no un

fracaso de la política y la cooperación. En muchas de sus

declaraciones, Palin parece empeñada en invocar a Dios cuando opina

sobre la guerra, un mal presagio para el futuro si resulta elegida.


Desde luego, daría excusas a muchos enemigos de EE UU, que recurrirían

a sus propios fundamentalismos. Los extremistas de ambos signos acaban

poniendo en peligro a esa gran mayoría de personas que no es ni

extremista ni fundamentalista.


Es difícil saber con certeza lo que está despertando el

fundamentalismo en tantas partes del mundo. Lo que ocurre en Estados

Unidos, por ejemplo, no ocurre en Europa, pero sí es típico, como es

lógico, de algunas zonas de Oriente Próximo y Asia central. El

fundamentalismo parece surgir en épocas de cambios trascendentales,

cuando las estructuras sociales tradicionales se ven amenazadas. El

crecimiento del fundamentalismo estadounidense moderno en la política

se remonta a la era de la lucha por los derechos civiles, en los años

sesenta, y refleja, al menos en parte, una reacción de muchos blancos

contra la fuerza política económica, cada vez mayor, de grupos

minoritarios no blancos e inmigrantes en la sociedad norteamericana.


La única esperanza de la humanidad es que se sustituya el círculo

vicioso del extremismo por una interpretación mundial común de los

enormes retos del cambio climático, las reservas de alimentos, la

energía sostenible, la escasez de agua y la pobreza. Los procesos

científicos de ámbito mundial como el PICC son fundamentales, porque

son nuestra mejor posibilidad de elaborar un consenso basado en las

pruebas científicas.


Estados Unidos debe reincorporarse al consenso mundial basado en datos

científicos comunes y dejar la actitud antiintelectual. Ésa es la

tarea más urgente que tiene hoy la sociedad estadounidense.

 

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Tags: elecciones EUA, cambio climático

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