Mi?rcoles, 09 de abril de 2008
Publicado por JJmar @ 23:01
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Los que tenemos mas de cincuenta años de edad, en gran mayoría, crecimos sin televisor. En los años sesenta "la caja mágica" en blanco y negro, era un artículo de lujo que solo era accesible a unas pocas familias. Las computadoras eran unos grandes cajones del tamaño de un dormitorio que solo veíamos en las películas de ciencia ficción. Igual sucedía con el teléfono. Los descontinuados teléfonos de línea fija eran un artículo exótico al que Aniceto Porsisoca llamaba "la pita bruja". Confieso que cuando cumplí diez años nunca había hablado por teléfono con nadie.

 

Los adolescentes de hoy no saben como pudimos sobrevivir. No creen que tales aparatos eran casi inexistentes hace unos cuarenta años. Los adultos decimos maravillados "¡Cómo avanza la ciencia!". Tenemos la imagen de que la ciencia avanza a una velocidad incontenible. La rapidez, la velocidad y lo inmediato son los nuevos signos de estos tiempos.

 

Pero, ¿Realmente avanza la ciencia a tal  velocidad? ¿No será que confundimos la ciencia con la tecnología? Nos sentimos manipuladores de la ciencia, cuando en realidad lo que manipulamos son artificios de tecnología, diseñados para ser usados y consumidos por cualquier humano con un Standard medio de inteligencia.

 

Sabemos apretar los botones de una computadora, pero no tenemos ni la menor idea de los procesos que generamos al interior de la máquina. La tecnología sin conocimiento es magia. Por ello en estos tiempos en que aparentemente florece la ciencia, también florece el pensamiento mágico que se expresa en la proliferación de las más exóticas sectas, incluyendo las satánicas.

 

La verdad es que la ciencia avanza mucho más lenta de lo que nos imaginamos. El conocimiento científico, para ser tal, pasa por implacables procesos de formulación, comprobación, reformulación y vuelta a comprobar, a veces hasta el infinito. Es la tecnología lo que avanza a gran velocidad.

 

La ciencia es la esencia, la almendra; la tecnología es su aplicación. Podríamos decir que la tecnología es la hija de la ciencia. La tecnología es una de las consecuencias del desarrollo del pensamiento científico. Ambas se ligan íntimamente e interactúan mutuamente. Pero son cosas diferentes. 

 

Muchas veces los adultos nos maravillamos de la habilidad con que los niños y los adolescentes usan los artefactos de última tecnología. Nos enseñan a los adultos cosas que no sabemos sobre su manejo. Esto es positivo. Familiarizar a las nuevas generaciones con el uso de los instrumentos tecnológicos, es vital para su desarrollo y desenvolvimiento en el futuro inmediato.

 

Pero no nos confundamos, nuestros hijos o nietos podrán pasar horas frente a una computadora, pero no significa que estén aprendiendo mucho. Estas son para ellos herramientas mágicas, los niños presionan un botón y ven surgir una maravilla en la pantalla, al igual que el mago solo mete la mano y saca muchos conejos de un sombrero.

 

Otro problema de la tecnología es que nos acostumbramos a que las cosas sean fáciles, a creer que metas y logros importantes se pueden obtener sin esfuerzos, con solo apretar uno o varios botones. La verdad es que todo lo que vale la pena en la vida cuesta un importante esfuerzo y más en este mundo tan competitivo. Los jóvenes son especialistas en hallar cualquier tema en Internet, pegar los textos y las imágenes; así elaboran un documento con el cual impresionan a su maestro. Pero no lo han leído y menos entendido o aprendido. En este mundo, en que la imagen de las cosas es lo que cuenta y la cultura visual es la predominante, es casi seguro que el maestro tampoco lee el texto, se limita a ver su imagen y pone una excelente nota al alumno. Esta nota refleja la magia, no el conocimiento.

 

Hay quienes creen que ya no es necesario enseñar a los escolares las operaciones aritméticas. Lo consideran una pérdida de tiempo. Ahora con una calculadora de un dólar podemos hacer esas complicadas operaciones en una fracción de segundo. No sabemos que el cerebro de un niño se desarrolla cuando ejecuta esas operaciones con papel y lápiz. No nos damos cuenta que en el esfuerzo que supera las dificultades, está posiblemente la clave del éxito en el futuro de este niño.

 

Con estas líneas no pretendo que usted eche a la basura la computadora de su casa (en todo caso, si decide hacerlo, avísenos y talvez podamos ir por ella) busco únicamente que hagamos un uso lo mas racional y positivo de esta, así como de otras maravillas tecnológicas. Muchas nuevas enfermedades están surgiendo como consecuencia de la adicción a estas maquinitas. Nuevos delitos se confeccionan desde una inocente computadora.

 

Pero sobre todo, no creamos que por tener estos artilugios ya llegó la ciencia a nuestra casa. Llegó la magia. La ciencia es un verdadero esfuerzo que hay que desarrollar aparte.

 

Ayutuxtepeque, miércoles, 09 de abril de 2008.


Tags: Juventud, tecnología, ciencia, magia.

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