Jueves, 04 de junio de 2009
Publicado por JJmar @ 12:12
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El sábado 18 de abril en un comentario que titulé “Hasta al mono más vivo se le cae el zapote” comencé diciendo:

 

Todo parece indicar que al chele Torrez le llegó la hora de su desgracia (La Mala Hora, diría García Márquez). Creo que nunca se imaginó que terminaría como chompipe de fiesta en medio de la crisis más grande de la historia del partido ARENA.

 

Mientras cientos de miles de salvadoreños celebraban la llegada del nuevo gobierno y muchos sentían renacer la esperanza, el chele Torrez profundizó su depresión. Debe haber sido uno de los días más amargos de su vida. Seguramente lleno de temor, pues sabía que “el que la debe, la teme”. Como muchos de su especie, decidió ahogar con guaro las penas, se le olvidó que estas ya aprendieron a nadar.

 

Considero personalmente que la hipótesis del suicidio es la más probable. Algunos que lo conocen han comentado en varias oportunidades que tenía mal guaro, el chele era de los que ya bolo hacía cualquier tontería. Talvez sobrio no hubiera tomado la fatal decisión, pero con los tragos las cosas cambian.

 

La verdad es que el chele había comenzado a morirse el día en que se hizo pública la grabación de su conversación con el ex diputado Silva. A partir de ese momento vio como se le iba derrumbando todo el edificio que durante años construyó. Como los que consideraba sus grandes amigos lo fueron abandonando. Como después de que entraba en las oficinas gubernamentales como Juan por su casa, ahora le cerraban esas puertas. Como todos sus compinches se lavaron las manos al igual que Pilatos y lo condenaron a la crucifixión.

 

Él, mejor que nadie sabía lo que había hecho. Conocía los líos en que se metió durante estos años en que creyeron que estarían en el gobierno por toda la eternidad. Por tanto sabía lo que le esperaba. Unos días antes de morir encargó unas trescientas copias de la ranchera El Ramalazo. Se identificaba con esa historia que la canción recrea. Quería dárselas a los amigos que todavía le quedaban y seguramente mandar otras a sus ahora adversarios. Un hombre víctima de las circunstancias que termina solo y abandonado.

 

A su velación solo asisten unos cuantos areneros, que poniendo en riesgo su carrera política, van sigilosos a dar el pésame. Nadie de los prohombres que en estos veinte años estuvo al frente del que fuera su partido llegó. Lo mas seguro es que ni corona de ciprés mandaron. La bandera de ARENA no fue puesta sobre su ataúd. No habrá en Antiguo Cuscatlán ningún redondel o calle que lleve su nombre. Simplemente tratarán de olvidarlo.

 

Con el chele Torrez muere una época del partido ARENA. Los areneros deberían de pensar que con el entierro del chelito, se entierra una parte de ellos mismos. Termina una etapa de la historia de la derecha salvadoreña. En la cual creyeron que eran los eternos dueños del país. Que nunca serían sustituidos. Por lo tanto, podían hacer cualquier cosa, pues el brazo de la justicia no los alcanzaría jamás. Por ello el chele es la primera baja de esa forma arcaica de hacer política que fracasó.  Pero no será la última.

 

Ayutuxtepeque, Jueves, 04 de Junio de 2009.


Tags: corrupción, derecha salvadoreña

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