Jueves, 09 de julio de 2009
Publicado por JJmar @ 20:22
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A casi dos semanas del Golpe de Estado en Honduras han quedado al desnudo las debilidades de la institucionalidad democrática y constitucional, que con tanto esfuerzo hemos construido en América Latina. Queda demostrado que detrás de los gobiernos que se eligen por el voto ciudadano, existen poderes fácticos y reales que son los que tienen la última palabra y son una especie de poder real detrás del trono.

 

El punto de fondo no es si el Presidente Zelaya estaba cumpliendo o violando la Constitución Hondureña. Cuando hay violaciones a la ley, existen procedimientos legales para juzgar y castigar al infractor, aunque este sea el Presidente de la República. El punto de fondo es que los poderes fácticos hondureños demostraron que son el poder real y que están por encima de la ley.

 

Frente a la acción de estos grupos que operan tras el telón, usando a las fuerzas armadas a su antojo, todavía no se ha construido la suficiente institucionalidad continental para revertirlo. Esta sería la segunda gran debilidad que queda desnudada en estas casi dos semanas.

 

Ni la OEA, ni el Grupo de Río, ni el ALBA, ni las Naciones Unidas, tienen la capacidad de obligar efectivamente a los golpistas a que reviertan los hechos y restituyan al legítimo Presidente electo democráticamente en las urnas por el pueblo hondureño. Las condenas internacionales y el repudio mundial no bastan para revertir los hechos.

 

Ahora esta acción golpista se convierte en una espada de Damocles sobre la cabeza de la democracia latinoamericana. Todos los Presidentes democráticamente electos deben poner sus barbas en remojo. Nadie puede estar seguro.

 

Esto me recuerda el caso del golpe de Estado chileno contra Salvador Allende. Antes de que este se produjera, todos decían que en Chile nunca habría un golpe de Estado. Tenían una democracia estable desde finales del siglo XIX, sin interrupciones de ningún tipo. El ejército chileno era ejemplo de institución que respetaba la democracia y la ley. Se decía que ganara quien ganara en Chile, sería respetado.

 

Pero cuando el gobierno de Allende fue considerado un peligro para los grupos de poder, no vacilaron en dar el cruento golpe que sumió en el terror a ese país por más de una década. Algo similar ha sucedido ahora en Honduras y esta es la amenaza que se cierne sobre toda América Latina.

 

Estos grupos de poder fáctico, que ideológicamente se ubican y se expresan a través de organizaciones de derecha, ahora realizan un pulso en Honduras. Este país centroamericano se ha convertido en un valioso laboratorio político social. La derecha mide a partir de lo sucedido en Honduras cuales son sus oportunidades en caso de hacer lo mismo en otro país. Además están interesados en el no retorno de Zelaya para que el ejemplo quede grabado en la mente de los demócratas latinoamericanos.

 

Basta con leer las noticias de nuestros periódicos matutinos para ver con claridad la tendencia de estas. Van hacia la búsqueda de consolidar los resultados del golpe de Estado en Honduras. Si esto se logra, quedará demostrado que la fuerza se sigue imponiendo a la razón, que la violencia se impone a la legalidad e institucionalidad existente.

 

No nos olvidemos que hace unas pocas semanas varios medios de comunicación salvadoreños iniciaron una primera campaña para intentar distanciar a la Fuerza Armada salvadoreña del gobierno de Mauricio Funes. Varios militares retirados de la tristemente célebre promoción conocida como “La Tandona” fueron entrevistados para que manifestaran su inconformidad con decisiones soberanas que constitucionalmente corresponden al Presidente de la República. Estas actividades eran claramente preparatorias de un clima pre golpista en el país.

 

Por ello los demócratas latinoamericanos debemos tomar estas lecciones que la realidad nos impone.

 

En primer lugar, debemos aprender los límites de los organismos regionales y continentales. Si bien se ha avanzado mucho y el rol de estos ha sido valioso, no es suficiente para revertir una situación de hecho provocada por los poderes fácticos. Se necesita reforzarlos, dotarlos de instrumentos que permitan desarrollar una acción más efectiva en estas situaciones extremas. Fortalecer su jurisdicción en áreas como Derechos Humanos es fundamental.

 

En segundo lugar, debemos aprender que el rol de la población organizada puede ser el elemento decisivo, que junto a los instrumentos internacionales pueden revertir una situación similar. La resistencia ciudadana es clave, esta, en el pasado ha sido factor determinante incluso contra grandes poderes como los Nazis durante la segunda guerra mundial.

 

Si los poderes fácticos salvadoreños calculan que como consecuencia de un golpe de Estado, todos saldremos a la defensa de nuestra constitucionalidad y organizaremos la resistencia, van a pensar varias veces antes de intentarlo. A fin de cuentas se trata de hacer efectivo lo que un líder de la derecha salvadoreña proclamó: El voto es el arma más poderosa de los hombres libres. Por tanto, defender el resultado del sufragio debe ser un imperativo de primer orden.

 

Ayutuxtepeque, Jueves, 09 de Julio de 2009.


Tags: Golpe de Estado, OEA, democracia.

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